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miércoles, 17 de diciembre de 2014

NUNCA MAS PERONISMO (Parte 13º) “EL ALTAR DE LA PATRIA”


EL PRINCIPIO. Abril de 1974. Lopez Rega inventa el Altar de la Patria, un mausoleo gigantesco y multimillonario donde –sin consultar a nadie- piensa depositar los restos de todos los proceres. Juan Carlos Basile, de Vivienda y Urbanismo, firma el proyecto. El congreso vota a favor, aplude, se conmueve. Ponen la piedra fundamental, rompen la calle, dinamitan un puente…

El Altar de la Patria fue un mausoleo proyectado, pero nunca completado, por el gobierno argentino durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón. El 8 de julio de 1974, una semana después de la muerte de Juan Perón, fue promulgada la ley de creación del Altar de la Patria, ley sancionada por los diputados y senadores nacionales. El artículo 10 de la ley declara que "El frontispicio del panteón tendrá grabada una leyenda que exprese lo siguiente: Hermanados en la gloria, vigilamos los destinos de la patria. Que nadie utilice nuestro recuerdo para desunir a los argentinos”. Se cree que el impulsor del proyecto fue José López Rega, quien en 1974 se convirtió en la influencia más poderosa del gobierno de María Estela Martínez de Perón. La idea de López Rega era la de crear un gran mausoleo en el que descansara el cuerpo embalsamado de Evita Perón junto a los restos de Juan Perón y de todos los próceres nacionales, incluyendo José de San Martín, Juan Manuel de Rosas, Hipólito Yrigoyen, Facundo Quiroga, Fray Mamerto Esquiú, y muchos otros.


El proyecto, a la medida de una Argentina Potencia muy distante de la realidad se paralizaría con la crisis económica desencadenada por el “Rodrigazo” y el eclipse del poder de López Rega a mediados de 1975. El lugar elegido para el mausoleo fue un terreno en la Avenida Figueroa Alcorta de Buenos Aires—el mismo sitio donde otrora se había proyectado otra obra inconclusa del peronismo: el Monumento al Descamisado, que debía ser además la tumba de Eva Duarte de Perón. La Secretaría de Vivienda y Urbanismo colocó un gran cartel en el sitio anunciando el Altar de la Patria, pero los obreros sufrieron innumerables inconvenientes desde el comienzo, y finalmente se detuvieron los trabajos. Bajo tierra había gran cantidad de cables de alta y media tensión de SEGBA, viejas colectoras cloacales y la base de hormigón del inconcluso Monumento al Descamisado. A mediados de 1975 López Rega huyó del país y en marzo de 1976 cayó el gobierno de Isabel, lo que puso fin al proyecto.


EL FIN. Pasa el tiempo. El proyecto no avanza. Los obreros encuentran cables, cloacas, la base delfracasado monumento a Eva Peron. La obra cada dia cuesta mas. El transito mientras, se enloquece. Hay protestas. Nadie explica nada. El Altar es basural y nido de ratas. La rebuscada frase escrita en un cartel se la atribuyo Lopez Rega.


Juan Carlos Basile, de Vivienda y Urbanismo, encargado de llevar a cabo el faraonico proyecto, no tuvo mas avances que la destruccion de la calle principal y la caida de un puente. A partir de alli, el sueño delirante y ambicioso quedo en la nada, como tantas otras obras que nunca se realizaron.


"El Monumento de Eva Peron, que por segunda vez, no pudo ser..."


Tras su peregrinación por el mundo, el cadáver de Evita reapareció en 1971, y sólo fue traído al país en el ‘74, tras la muerte de Perón. Ese año, en la misma zona, López Rega insistiría intentando emplazar otro súper mausoleo, el Altar de la Patria. Fue un sueño, uno de los tantos que tuvo en torno a Eva Perón, que por faraónico fue de los que más polvareda levantó. Y no sólo por los trabajos de excavación que hicieron, sino por lo controvertido. El creador de la Triple A, un brujo adorador de los poderes esotéricos que irradiaba el cuerpo de Evita (hasta entonces con un kilometraje que la hizo recorrer todos los husos horarios), soñaba con organizar una insólita mudanza: caravanas de ataúdes desde las bóvedas y criptas de cementerios de todo el país que convergerían en este centro/cementerio energético nacional, que daría cobijo al profanado cuerpo de Eva Perón, pero también a San Martín, Rosas, Yrigoyen, Facundo Quiroga y Fray Mamerto Esquiú, a Pedro Eugenio Aramburu si los Montoneros se servían devolverlo y, aunque no lo dijo, es de suponer que a él mismo en un futuro. Por agosto de 1975, quienes transitaban la avenida Figueroa Alcorta, a metros de la Facultad de Derecho, se topaban con un enorme y entusiasta cartel de la Secretaría de Vivienda y Urbanismo que anunciaba la construcción de ese cementerio nacional. Pero los obreros sufrieron un sinfín de inconvenientes desde su misma iniciación y finalmente se pararon los trabajos. Bajo tierra había gran cantidad de cables de alta y media tensión de Segba, viejas colectoras cloacales y –olvidada– la base de hormigón del Monumento a Eva Perón que no fue.




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